5 de noviembre de 2009, 02:00 AM
GUADALAJARA, Jal., noviembre 4 (EL UNIVERSAL).- Un agónico destello de grandeza bastó para que los Indios rescataran un dramático empate (2-2) del estadio Jalisco frente a las Chivas, con lo que aún sin resolver su problemática, al menos sirvió para el levantón anÃmico, contrario al derrumbe moral que sufrió de golpe el Rebaño, incapaz de vencer en casa al equipo más débil del Apertura 2009.
Previo a este partido, el cuadro de Ciudad Juárez habÃa sufrido cinco derrotas consecutivas y a pesar del mal momento del Guadalajara, se calculaba que lograrÃa vencer al conjunto más apagado, lo que alimentaba las esperanzas que todavÃa guarda de calificar a la Liguilla.
Y con trabajos iba por ese camino, hasta que en el último suspiro, sobre el lÃmite del tiempo de reposición, Tomás Campos cobró un tiro libre.
El efecto que le dio ayudó para superar la barrera y aterrizar en el ángulo superior izquierdo de la porterÃa de Luis Ernesto Michel.
Golazo que derrumbó a los pocos aficionados que se atrevieron a echarle porras a las decepcionantes Chivas, inseguras, al extremo de fallar un penalti inexistente.
Incapaces de empujar el balón a unos centÃmetros de la porterÃa.
El arranque parecÃa prometedor para los tapatÃos.
En el minuto 6, Ramón Morales proyectó un centro desde la banda izquierda, Javier Hernández dejó pasar y El Venado Medina cerró la pinza.
El problema es que 20 minutos después, Héctor Giménez cazó de "palomita" un centro de Sindey Balderas y fusiló por el centro a Michel.
Indios generó dominio y puso en predicamentos al Guadalajara, pero un golazo de Jonny Magallón (44') a pase de Medina, revivió la esperanza rojiblanca.
Con el rival decidido por el empate, Chivas tuvo espacios para matar varias veces a la plantilla de Juárez.
La más clara, el penalti que inventó el árbitro Héctor Delgadillo —por supuesta falta de Balderas sobre Hernández— que falló el propio jugador Chiva.
Y como el que perdona pierde, bajo esa circunstancia el Guadalajara toleró el empate, que acabó con el último hálito que le quedaba a Jorge Vergara.
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