5 de noviembre de 2009, 02:00 AM
Alberto Armendariz
Para LA NACION
NUEVA YORK.? No sólo las propiedades se mantienen en alza en Nueva York. A juzgar por los resultados de las elecciones de anteayer, algunos cargos polÃticos se cotizan muy caros: tras haber modificado las leyes para permitir su segunda reelección y haber invertido unos 100 millones de dólares de su propia fortuna en la campaña, el magnate Michael Bloomberg logró asegurarse un tercer mandato como alcalde de la ciudad, aunque con un muy ajustado margen de apenas cinco puntos.
Fallaron estrepitosamente las encuestas, que apenas la semana pasada le daban al actual alcalde independiente una ventaja de entre 15 y 18 puntos sobre su rival demócrata, el contralor Bill Thompson, quien gastó sólo 6 millones de dólares en su esfuerzo. Al cerrar los centros de votación, los primeros escrutinios incluso ubicaban a Thompson por encima de su multimillonario adversario y no fue hasta la medianoche que Bloomberg pudo respirar tranquilo de que su campaña, que batió todos los récords de gasto individual, habÃa dado los frutos deseados.
Resta ahora por saber si este disputado tercer mandato terminará siendo una buena inversión, con las fuertes crÃticas que ha despertado en varios sectores de la población neoyorquina. Según las encuestas de boca de urna, el 45% de la gente que votó por Thompson lo hizo en oposición a la presión que ejerció Bloomberg el año pasado para que se lo autorizara a postularse a un tercer mandato; un 44%, en tanto, declaró que apoyó a Thompson en rechazo al excesivo gasto de campaña de Bloomberg.
Para un hombre tan confiado de sà mismo, los datos que arrojaron los sondeos en los centros de votación deberán obligarlo a repensar su estilo, que muchos consideran arrogante, propio de un ególatra y con escasa conexión con la gente de la calle.
Consciente de la ?cara? factura que le pasaron los neoyorquinos en estas elecciones, ayer Bloomberg demostró que, pese a sus palabras llenas de orgullo, está dispuesto a gobernar de manera más humilde y cercana a la gente. Por la mañana, en el subte ?medio que suele utilizar para ir desde su mansión en el elegante Upper East Side hasta la AlcaldÃa?, se dirigió a Brooklyn para conversar con Anthony Santa MarÃa, uno de sus desilusionados votantes, que durante la campaña de Bloomberg se habÃa quejado de que los polÃticos sólo acuden a su barrio cuando quieren votos, y luego se olvidan de los vecinos.
"En los próximos cuatro años, me comprometo a trabajar el doble de duro de como lo hice en los pasados ocho años", dijo el alcalde con tono populista y la mirada puesta en el horizonte.
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