5 de noviembre de 2009, 02:00 AM
Jorge ElÃas
LA NACION
En América latina prevalece un concepto erróneo: "La Unión Europea, que nunca ha sido un tratado de libre comercio, se puso en marcha para que cesaran las guerras entre europeos -dice JoaquÃn Roy, director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami-. Se confunde el intercambio del carbón y el acero con la producción y la administración común. Es una medicina que está pensada fundamentalmente contra el nacionalismo".
Con esa premisa, Roy señaló durante una entrevista con LA NACION que en tanto persista el presidencialismo y no se entienda qué significa el concepto de soberanÃa compartida en América latina, el Mercosur difÃcilmente colme las expectativas que despertó desde su creación. También se mostró reacio a la posibilidad de que Venezuela se incorpore al bloque regional.
Tras una conferencia organizada por la Cámara Española de Comercio de la República Argentina (Cecra), Roy aventuró: "Si Bruselas viera, por ejemplo, que el señor Chávez y el señor Morales ponen sobre la mesa el petróleo y el gas y lo administran en común, habrá habido un avance en América latina. Como es insólito y utópico, la conclusión es que el continente no da para más. Y es peligroso. Es como decir que esta aspirina es buena, pero sólo sirve para China. De momento, alguien usó la aspirina. Y sólo funciona en Europa. ¿Quiere decir que hay incapacidad para adaptarla al resto del planeta? No lo sé".
La duda de Roy, licenciado en derecho por la Universidad de Barcelona, doctor por la Universidad de Georgetown, catedrático Jean Monnet y autor de 25 libros, guarda relación con los obstáculos que impiden la integración en la región: "Uno de ellos es el presidencialismo, el personalismo -señaló-. Ningún presidente está dispuesto a compartir o ceder soberanÃa. En la Unión Europea no hay nada de eso".
Con la aprobación del Tratado de Lisboa en Irlanda, tras ser rechazado en la instancia anterior, la Unión Europea, según Roy, se apresta a "cerrar un capÃtulo de parálisis institucional" y a elegir un presidente permanente con el cual tendrá una "mayor exposición exterior y un método más flexible para tomar decisiones".
Presidente en danzaEntre los candidatos por ocupar esa plaza circula el nombre del ex primer ministro británico Tony Blair, rechazado, en parte, por haber propiciado la guerra contra Irak, y por pertenecer a un reino que se ha caracterizado por ser renuente a integrarse en la Unión Europea. Nada está resuelto: el conservador británico Chris Patten, ex comisario europeo de Relaciones Exteriores, se inclina por el ex presidente español Felipe González. También circula el nombre del ex presidente finlandés Martti Ahtisaari, premio Nobel de la Paz. Todo depende ahora, en realidad, de que el mandatario checo Vaclav Klaus dé el brazo a torcer y permita que el Tratado de Lisboa entre en vigor en 2010.
-¿En qué medida aumentará la burocracia de la Unión Europea en esta nueva instancia?
-La burocracia es mÃnima. Es otro de los mitos. Toda la Unión Europea cuesta igual que una ciudad media europea. En Marsella, Valencia o Burdeos se gasta más en administración que en la Unión Europea.
-¿Fue perjudicial la ampliación de los últimos años?
-Se nota el daño colateral. Si no hay ampliación, no hay reforma de las instituciones. Fue como meter en la casa a media docena más de familiares sin construir dos baños más. La Unión Europea es como un elefante, pero sigue avanzando.
-¿Y el Mercosur?
-En su momento, el Mercosur era la niña preferida de Bruselas, pero no ha respondido a las expectativas. Fuentes bien informadas juran y perjuran que Venezuela, finalmente, no ingresará. Se nota el liderazgo de Brasil en América del Sur. La obsesión de Lula es América del Sur, no el Mercosur ni América latina. Esto de Venezuela o de los puentes bloqueados en el rÃo Uruguay por el conflicto de las pasteras no sienta bien. Es otra prueba de la falta de comprensión del concepto de soberanÃa compartida. Eso y el presidencialismo atentan contra la integración.
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